Los inversores prefieren el método de Estados Unidos

Mientras en Europa las pasamos «canutas» para volver a conseguir la confianza de los inversores con exhaustivos programas de recortes y reducción del déficit,  al otro lado del Atlántico la captación de inversores está viviendo uno de sus mejores momentos. Pero, ¿por qué?

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El índice de referencia  Dow Jones del mercado estadounidense  está a punto de superar su máximo de referencia histórico. Todo ello a pesar de estar recientemente al borde del «abismo fiscal», ocasionado por el abultado déficit que sufre USA en sus arcas, y que los republicanos insisten en reducir dramáticamente. De momento fue evitado por un acuerdo temporal de última hora el 31 de Diciembre.

Sin embargo, el gobierno de Obama ha apostado por incentivar primero el crecimiento, reducir el desempleo (actualmente en torno al 7,8%) y realizar un ajuste fiscal más suavizado. A los inversores, a pesar de lo que nos quieran hacer creer desde Alemania, les gusta este método. Para ellos lo importante es que un país tenga expectativas de mejorar, estabilidad social, y sobre todo, que transmita confianza. Por supuesto también es importante el tener unas cuentas equilibradas, pero más que un objetivo, es un medio para alcanzarlo.  Saben que un país con expectativas de crecimiento, y en el que pueden depositar su confianza, es apto para seguir recibiendo préstamos o inversiones, a pesar de estar sobrepasando un bache.

Y es que el problema en Europa es de confianza, y no solo en la capacidad de los países de ajustar sus cuentas. Existe una gran desconfianza en la solidaridad de unos estados con otros, puesto que cada uno parece velar por los intereses de su territorio nada más,  marcando al resto como los malos.

Por supuesto, aquí tenemos gran parte de la culpa, puesto que la picaresca española en general, llevada al límite por bancos, grandes corporaciones y especialmente por muchos miembros de la clase política, lastran la confianza de inversores propios y extranjeros, y por mucho que «saneemos» nuestras cuentas, no saldremos de la crisis hasta solucionar los otros problemas más importantes, como la corrupción,  el «amiguismo» y la desigualdad de oportunidades.