Las hipotecas sobre vivienda estarán limitadas a 30 años

 Se restringirá a 30 años el plazo de las hipotecas  y  no se podrá iniciar el procedimiento de ejecución hipotecaria hasta que se hayan producido tres impagos según el ministro de economía Luis de Guindos.

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Además los jueces podrán anular las deudas de las familias desahuciadas por el banco, si este ha sacado beneficio de la venta de la vivienda, con el objetivo de reducir el daño que están recibiendo muchas familias españolas.

También se limitarán los intereses de demora a tres veces el interés legal del dinero para evitar el crecimiento desorbitado de la deuda y facilitar que los deudores puedan afrontar el pago.

Otra medida para evitar las situaciones abusivas será la de reducir las participaciones de bancos al 10% como máximo en las sociedades de tasación que se encargan de tasar los precios de las viviendas, logrando que estas sean más objetivas.

Facilitar el acceso a subastas de viviendas

Otra medida interesante es que se rebajarán los requisitos como el aval necesario para pujar, que caerá del 20 al 5% del valor de tasación; se ampliará  a 40 días el plazo para que el adjudicatario encuentre financiación y no se permitirá que el precio de subasta sea inferior al 75% del precio de tasación.

Todas estas medidas están bien encaminadas (aunque son mejorables), pero no dejamos de preguntarnos ¿por qué, aún siendo de sentido común, no se pusieron estos límites más justos desde el comienzo?

Los inversores prefieren el método de Estados Unidos

Mientras en Europa las pasamos «canutas» para volver a conseguir la confianza de los inversores con exhaustivos programas de recortes y reducción del déficit,  al otro lado del Atlántico la captación de inversores está viviendo uno de sus mejores momentos. Pero, ¿por qué?

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El índice de referencia  Dow Jones del mercado estadounidense  está a punto de superar su máximo de referencia histórico. Todo ello a pesar de estar recientemente al borde del «abismo fiscal», ocasionado por el abultado déficit que sufre USA en sus arcas, y que los republicanos insisten en reducir dramáticamente. De momento fue evitado por un acuerdo temporal de última hora el 31 de Diciembre.

Sin embargo, el gobierno de Obama ha apostado por incentivar primero el crecimiento, reducir el desempleo (actualmente en torno al 7,8%) y realizar un ajuste fiscal más suavizado. A los inversores, a pesar de lo que nos quieran hacer creer desde Alemania, les gusta este método. Para ellos lo importante es que un país tenga expectativas de mejorar, estabilidad social, y sobre todo, que transmita confianza. Por supuesto también es importante el tener unas cuentas equilibradas, pero más que un objetivo, es un medio para alcanzarlo.  Saben que un país con expectativas de crecimiento, y en el que pueden depositar su confianza, es apto para seguir recibiendo préstamos o inversiones, a pesar de estar sobrepasando un bache.

Y es que el problema en Europa es de confianza, y no solo en la capacidad de los países de ajustar sus cuentas. Existe una gran desconfianza en la solidaridad de unos estados con otros, puesto que cada uno parece velar por los intereses de su territorio nada más,  marcando al resto como los malos.

Por supuesto, aquí tenemos gran parte de la culpa, puesto que la picaresca española en general, llevada al límite por bancos, grandes corporaciones y especialmente por muchos miembros de la clase política, lastran la confianza de inversores propios y extranjeros, y por mucho que «saneemos» nuestras cuentas, no saldremos de la crisis hasta solucionar los otros problemas más importantes, como la corrupción,  el «amiguismo» y la desigualdad de oportunidades.