Chipre, el enésimo problema de la Unión Europea

Chipre se encuentra en una  situación muy delicada. El montante de la deuda que soporta el país no puede sostenerse por más tiempo y el país se enfrenta a una bancarrota, que comenzaría con la quiebra de los dos principales bancos del país.

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El sistema financiero de Chipre es su principal motor  económico. Se trata de un paraíso fiscal en el que durante mucho tiempo no se requería información de la procedencia del dinero que entraba en el país y en el que se ofrecían impuestos muy bajos a la entrada de capital extranjero, así como rentabilidades altas en sus depósitos.

Con la crisis financiera mundial, sus bancos se vieron incapaces de asumir las deudas que habían contraído. En el 2011 habían realizado una petición de ayuda a Rusia a través de un crédito de 2.500 millones de euros con plazo de devolución en 2016, que actualmente están intentando re-negociar, para ampliar su plazo y reducir sus intereses.

Estos días se habla del «corralito» que ha realizado el gobierno del país mientras se deciden (o no) a cargar una nueva tasa impositiva sobre los ahorros de sus ciudadanos. Actualmente los bancos permanecen cerrados y la gente tiene un límite de 1.000 euros al día para extraer dinero de sus cuentas.

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Desde la Unión Europea se demanda que esta tasa no afecte a las cuentas de ahorro con menos de 100.000 euros, que son los depósitos garantizados en toda la Unión Europea, pero que el gobierno de Chipre se resiste a respetar.  Los más afectados son ciudadanos , empresas e incluso gobierno ruso, así como otras empresas extranjeras, que llegan a acumular hasta casi el 50% de los depósitos del país, y que verían como un porcentaje de sus depósitos es requisado a través de este nuevo tipo impositivo.

Actualmente el parlamento chipriota ha rechazado esta medida y por lo tanto no podrá llegar a obtener a través de la misma los 5.700 millones de euros que la Unión Europea les solicita para  recibir los más de 10.000 millones de euros del rescate (en total necesitan unos 17.000 millones para garantizar las cuentas estatales).

Aquí comienza el «choque de carneros» a tres bandas: la comisión europea, el gobierno de Chipre  y Rusia. Y es que Chipre además de su condición de paraíso fiscal, parece poseer unos apetecibles recursos energéticos, principalmente gas, en los que la industria energética rusa está más que interesada. Este factor está entrando con fuerza en la negociación a la hora de determinar quien va a salvar a Chipre y en qué condiciones.

Mientras tanto, al resto de Europa nos toca mirar, mientras se encarece la financiación del resto de países por el efecto de contagio. Otra vez seremos los ciudadanos los que tengamos que cargar con el peso impositivo de las pésimas gestiones de algunos políticos incompetentes del viejo continente.

 

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